viernes, 18 de mayo de 2012

Cuestión de actitud

Querido lector,
hace más de un año que no envío ninguna carta al infinito. Por falta de inspiración. Por falta de ganas. Por falta de motivos. Quién sabe, no importa.
Pero he vuelto. No se por cuanto tiempo, ni con qué afectividad, pero estoy aquí de nuevo. Y os dejo un nuevo texto, con la esperanza de que os guste.
Hasta pronto -espero-

Cuestión de actitud



Venzo a duras penas a la pereza y me levanto de la cama.

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Abro el armario, levanto todas las camisetas y cojo la última. Ésa. La que ni siquiera recordaba cómo había llegado allí.

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Ato fuerte los cordones de mis zapatillas.

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Abro la puerta de casa y comienzo a correr.

No es tan bonito como nos hacen ver las películas.

El frío no ayuda a respirar, no. Cada aspiración raspa. Es como esnifar hie...

¡Uy!

Maldita señora que se para en seco. Apunto de llevármela por delante; ¿no puede pensar que puede venir alguien por detrás y puede chocarse con ella, pudiendo impedirla de por vida?

El viento escupe la lluvia en mi cara. Sigo corriendo. Ya no se si por motivación, empeño personal, ánimo de superación... o por vergüenza de volver a los cinco minutos de haber salido. Sigo.

Dejo atrás la cuesta que se antojaba interminable y comienzo a aumentar el ritmo.

La brisa me sopla gotas de ánimo en la cara. Me ayuda a continuar, aunque ahora siento que nada puede frenarm...

¡Qué reflejos tengo! ¡Y qué divertido es ir por la calle esquivando a la gente! Te sientes como en un videojuego.

Curioso el tiempo de Salamanca. Cuando salí juraría que el mercurio marcaba bajo cero. Pero ahora estoy a gusto. El frío ya no araña mi garganta.

Me siento como en una película, cuando el protagonista se levanta a las 5 de la mañana y ve cómo despierta la ciudad mientras la re-corre, saludando a todos los comerciantes que van abriendo poco a poco sus negocios.

Me siento libre. Sin preocupaciones. Pienso claramente. Nada me preocupa salvo dar el siguiente paso.

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Me levanto de la cama. Hay muchas razones para quedarme media hora más durmiendo, para no querer levantarme. Hay sólo una para hacerlo. Pero es la que importa.

Siempre es duro empezar un nuevo día. Pero de tu actitud depende cómo vas a acabarlo.

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